WASHINGTON PLANEÓ INTERVENIR EN 1965

GERARDO REYES, El Nuevo Herald, May 31, 1999

La grave crisis política que provocó la irrupción de grupos armados de tendencia comunista en Colombia hace 35 años, llevó al gobierno de Estados Unidos a considerar la posibilidad de enviar tropas a ese país, según documentos conocidos por El Nuevo Herald.

Una fuerte oposición del embajador estadounidense en Bogotá contuvo el plan de Washington y se optó por el envío de unidades de entrenamiento, helicópteros y la intervención directa de asesores americanos en una operación cívico-militar contra un grupo de campesinos que fundó, en mayo de 1964, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

A mediados de 1965, cuando el Departamento de Estado no parecía soportar más la incertidumbre que reflejaban los cables y memorandos confidenciales enviados por su personal en Colombia, y el presidente Lyndon B. Johnson celebraba el desembarco de tropas en República Dominicana, se decidió consultar con la embajada las posibiliades de repetir la misma acción en el estratégico país suramericano.

La respuesta del embajador de Estados Unidos en Bogotá, Covey T. Oliver fue rotunda ``Estoy en completa oposición a la entrada en Colombia de cualquier personal militar'', escribió Oliver en un telegrama fechado el 26 de agosto de 1965. ``La existencia de planes de contingencia para fuerzas de tierra en Colombia es dinamita y representa un peligro para las relaciones de Estados Unidos y Colombia''. A regañadientes, el embajador sugirió que las acciones fueran realizadas por el personal que ya estaba en Colombia.

Oliver se inclinaba más por su plan de contingencia a corto plazo en el que se reconocían las ventajas de un gobierno constituido por ``un liderazgo responsable de las fuerzas militares'' de Colombia ``con el respaldo de las clases política y económica'' en caso de que el entonces presidente Guillermo León Valencia renunciara. En ese escenario, agregaba el informe secreto de contingencia, se daría la ``oportunidad para restructurar el sistema político con el fin de que le permita funcionar de una manera efectiva''

Aunque en la época existieron rumores de la posible intervención militar americana, la correspondencia confidencial entre la embajada y el Departamento de Estado, refleja que Washington estaba en pie de guerra contra cualquier escaramuza de una réplica de la revolución cubana en el hemisferio.

De hecho, la embajada registró varios indicios de un respaldo no sólo ideológico sino financiero de Cuba a los movimientos revolucionarios de Colombia.

Los feroces bombardeos estilo Viet Nam contra los campesinos sublevados en la región de Marquetalia, al sur del país, fueron suficientes para evitar que el embajador oprimiera el botón de pánico. Aviones de la Fuerza Aérea de Colombia lanzaron bombas en la zona que dejaron cráteres de 20 metros de diámetro y diezmaron sustancialmente a los alzados en armas. Bajo la dirección de los militares estadounidenses, los colombianos dieron de baja a conocidos líderes bandoleros como ``Sangre Negra'', ``Tarzán'', ``Puente Roto'', ``Puñaladas'', ``Desquite'' y ``Pedro Brincos''. Pero no pudieron eliminar a un tal Manuel Marulanda Vélez, alias ``Tirofijo'', un campesino que tenía una rara afición por la esgrima y tocaba violín.

Tirofijo es hoy el máximo jefe el ejército irregular más grande del mundo, un ejército que nació en mayo de 1964 -hace 35 años- en Marquetalia como respuesta a la negativa del gobierno colombiano de entregar tierras a unas 200 familias de campesinos sumidos en la miseria.

Los documentos secretos consultados por El Nuevo Herald en los Archivos Nacionales de Washington, constituyen una rara oportunidad para conocer el alto grado de injerencia que el gobierno de Estados Unidos tenía en los asuntos internos del país. Por la oficina del embajador desfilaban los principales protagonistas de las crisis, incluyendo al sacerdote Camilo Torres que luego se vinculó a la guerrila del Ejécito de Liberación Nacional (ELN), ex presidentes, militares y políticos.

Oliver se entrevistaba personalmente por lo menos una vez a la semana con el presidente Valencia, quien durante el período más crítico de su gobierno le admitió al diplomático que estaba dispuesto a renunciar si con esa decisión el país superaba la crisis. En los aerogramas de la embajada, dirigidos al Departamento de Estado, los funcionarios diplomáticos, registraban desde los movimientos militares en las zonas de conflicto hasta los escándalos de sociedad colombiana como el que desató una reina de belleza que se atrevió a exhibir un ``monokini'' (un traje de baño de una sola pieza) en las playas del país.

Tirofijo se movía en el área de Marquetalia y tenía bajo su mando de 15 a 30 hombres pero con capacidad de convocar a 200, según el reporte mensual de la embajada de enero de 1964. Los americanos no parecían preocupados con el bandolero y en sus informes se reflejaba un ambiente de triunfalismo por sus éxitos en las operaciones contrainsurgentes.

En julio de 1965, tras los levantamientos de Marquetalia, las cosas cambiaron.

Los funcionarios de la embajada reconocieron que la acción los había tomado por sorpresa. ``La planeación no fue posible, pues el equipo (diplomático) fue abrumado por los acontecimientos'', escribieron en su informe mensual.

A partir de este momento, la embajada empezó una campaña de persuasión dirigida a su gobierno para lograr la aprobación del envío urgente de helicópteros, equipos de comunicación y el aumento del presupuesto de ayuda militar para el año siguiente.

A pesar de que el gobierno colombiano no tenía capacidades para asegurar una victoria en Marquetalia, la región se convirtió en una prioridad militar como consecuencia del ``estado de júbilo'' que se apoderó del ejército a raíz de los resultados favorables en otras zonas y ``la irritación que producía [entre los militares] la insolencia así como las acciones criminales que emanaban de Marquetalia'', escribieron los funcionarios diplomáticos en su informe colectivo .

La operación, en efecto no fue fácil, y así lo consignó en su informe de julio del 64 el embajador ``La campaña de Marquetalia está lejos de terminarse. Las principales fuerzas comunistas están en general intactas y el gobierno sólo puede controlar el área a través de incesantes esfuerzos''.

Para esta época el gobierno de Estados Unidos ya tenía en el país varias unidades de entrenamiento y asesores militares, según la correspondecia. Del bolsillo del Tio Sam salieron medio millón de dólares para la campaña cívico militar de pacificación de la regiones azotadas por el ``bandolerismo comunista'' así como los fondos para financiar la edición de la Cartilla del Soldado y de calendarios que se repartían a los campesinos de la zona para enaltecer las acciones cívicas en nombre el ejército.

Esto último era muy importante para la estrategia de la embajada, pues el Departamento de Estado tenía la sensación de que las ambiciones políticas del Ministro de Guerra general Alberto Ruíz Novoa lo estaban llevando a atribuirse como victorias personales, las batallas del ejército y la policía costeadas por los americanos.

Aun así, los diplomáticos profesaban una discreta simpatía por el militar, a quien consideraban como el hombre que podría tomar las riendas del poder en caso de que Valencia renunciara.

``Es un militar que está al tanto profundamente de los problemas que confronta su país'', escribió Oliver ``y su interés en una amplia gama de asuntos de pública preocupación, sugiere que, bajo ciertas circunstancias (tales como condiciones difíciles o caóticas) no dejaría pasar necesariamente una oportunidad para jugar un papel primordial en el gobierno''.

La fébril búsqueda de Tirofijo no rindió frutos y con el tiempo se convirtió en una fiasco.