DE GAITÁN A GÓMEZ HURTADO

Magnicidios historia sin fin

El escritor Arturo Alape establece una línea entre los asesinatos políticos que han marcado la historia de Colombia. El eje de todos, es un tipo de mentalidad que lleva a dirimir a tiros la controversia política.

ARTURO ALAPE  Especial para EL TIEMPO  (pub. Nov 2000)

En recientes semanas, algunos artículos en EL TIEMPO, la revista Semana, y en revelaciones de El Nuevo Herald, se ha abierto la polémica, por cierto necesaria, para dilucidar definitivamente los nexos posibles de la participación de la CIA en el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Valdría la pena, como cuestión fundamental para entender nuestra reciente historia, ampliar esa polémica a la práctica del magnicidio para resolver a tiros la cuestión política. En los últimos 50 años esa práctica ha sido relevante por tantos asesinados ilustres, representantes de las más diversas corrientes del pensamiento político. 

El asesinato de Jorge Eliécer Gaitán marcó en línea directa y consanguínea las características de lo que podríamos denominar en Colombia los magnicidios políticos. Treinta y nueve años después de ocurridos los acontecimientos del 9 de abril, asesinaron a Pardo Leal y en un transcurrir dramático de poco tiempo, a Bernardo Jaramillo, Luis Carlos Galán y Carlos Pizarro, y una década después al general Landazábal y a Álvaro Gómez Hurtado. Unos, como Gaitán y Gómez Hurtado, eran candidatos o fueron candidatos a la Presidencia de la República, y los otros, futuros candidatos por sus respectivos partidos o movimientos políticos. Un récord mundial de magnicidios. 

Esta línea histórica desarrolla una tipología similar en unos casos y diferente en otros, por ciertas circunstancias. Lo esencial es que este tipo de acontecimiento hace parte, por su repetición y constancia en diversos niveles, de las costumbres políticas colombianas. La actividad política en nuestro país ha degenerado a tales extremos de violencia en sus diversas orillas, que ha creado una concepción guerrerista para dirimir a tiros la controversia política.

Los instrumentos del crimen 

Veamos similitudes y diferencias en los casos enunciados. En primera instancia, en algunos, es similar la atmósfera política que propicia y estimula los magnicidios; atmósfera que dispara un determinado discurso político, crea una mentalidad y sicología colectivas que asumen acrítica y pasivamente ese discurso. 

El magnicidio crea unos instrumentos humanos adecuados para realizar el objetivo desquiciados mentales como Roa Sierra; sicarios profesionales como los asesinos de Pardo Leal; un delirante jovencito de 17 años, el asesino de Bernardo Jaramillo, que, cuando culmina su tarea de disparar, salta de profunda alegría sobre el cuerpo de la víctima; un suicida, el asesino de Carlos Pizarro, a propósito, relacionado con el asesino de Bernardo Jaramillo; poca luz se ha arrojado sobre los asesinos de Luis Carlos Galán, salvo que un inocente pagó cinco años de prisión; lo mismo que nadie sabe nada sobre el asesino o los asesinos del General Landazábal y, los aparentes asesinos de Alvaro Gómez Hurtado se encuentran hoy día en el limbo de las contradicciones de la llamada "inteligencia" militar y los llamados "testigos" sin rostro. Es decir, una galería de oscuros pero eficaces criminales que cubren bajo su sombra la orden de quienes organizaron el complot y pagaron los magnicidios.  

La planeación meticulosa del magnicidio, también apunta a posibles respuestas de levantamientos masivos y populares, y finalmente, proyecta el olvido social sobre los acontecimientos que se va imponiendo por la inercia, en las llamadas investigaciones exhaustivas, decretadas por los gobiernos de turno. 

Gaitán no creía en la posibilidad de su asesinato. Apostaba su vida al "seguro" que le brindaba como apoyo, la mayoría del pueblo colombiano. Pero era tan propicia la atmósfera para su asesinato, que a Gaitán lo hubieran podido asesinar antes o después del 9 de abril. O el asesino hubiera podido ser alguien distinto a Roa Sierra.

Los de la UP

En el año 87, con la aparición y crecimiento de la Unión Patriótica (UP), movimiento político creado por las Farc, con los formidables debates de sus senadores y parlamentarios, en los que denunciaban nexos del ejército y grupos paramilitares, con la conjugación y diversidad de cruces de violencias que vivía el país, violencia del narcotráfico y paramilitares, de la guerrilla y del Estado, nuevamente se apela al recurso del método se crea en el país una atmósfera política para el asesinato de Pardo Leal y Bernardo Jaramillo y el exterminio de dirigentes nacionales, medios y militancia de la UP.  

Pardo Leal sabía que lo iban a matar y para sobrevivir a la muerte, hacía chistes negros sobre su posible asesinato. Tres meses antes de que lo asesinaran, Bernardo Jaramillo me dijo en La Habana, quizá en uno de los últimos reportajes que concedió en vida, que regresaba a Colombia a que lo "mataran..." El gobierno de Barco sabía que iban a matar a Pardo Leal y a Bernardo Jaramillo. Esto no era ningún secreto para la clase política dirigente, lo mismo que para el Partido Comunista y la UP. En el país se había impuesto la sombría y resignada sicología social que esperaba con apatía el aumento de la suma siniestra de muertos de la UP.  

Luis Carlos Galán sabía que su vida corría peligro. Lo sabía el Gobierno, los dirigentes liberales y conservadores, sus familiares y sus partidarios. El país estaba enterado por denuncias de los atentados que se venían preparando contra su vida. Y, finalmente, lo asesinaron en Bogotá. Carlos Pizarro, comandante guerrillero, arriesgaba su vida en un proceso de paz que apenas comenzaba. De los riesgos que corría su vida, estaba enterado el Gobierno, la clase política, su familia y especialmente los dirigentes del M-19. Y a pesar de los cordones de seguridad alrededor de su persona, el asesino lo ultimó delante de sus guardaespaldas, dentro de un avión. Lo sospechoso del complot uno de los guardaespaldas del líder guerrillero ultimó de un tiro en la cabeza al asesino ya rendido y maniatado en el suelo.

Investigaciones sin resultado

Lo que no es claro en este momento, son las razones políticas o de cualquier otra índole, por las cuáles se ordenaron los asesinatos del general Landazábal y de Alvaro Gómez Hurtado.  

Con las investigaciones exhaustivas, especialmente en algunos casos "Gaitán, Pardo Leal, Jaramillo y Pizarro", con el asesinato de los autores directos del crimen, poco a poco se fueron borrando las líneas humanas de conexión entre los asesinos físicos y los autores intelectuales de los magnicidios, lo que, en últimas, es uno de los objetivos principales en la planeación del hecho delictivo. Y todas las investigaciones exhaustivas ordenadas por los gobiernos de turno terminaron en la más absoluta impunidad. Incluso, aún continua en el limbo de la oscuridad jurídica la investigación sobre el asesinato de Galán. Del asesinato de Pizarro no se volvió a hablar ni por parte de las autoridades ni por parte de sus familiares y menos de sus compañeros de armas. Las investigaciones sobre los asesinatos del general Landazábal y Gómez Hurtado aún se encuentran en el limbo de la impunidad. Investigaciones exhaustivas que demuestran la total inoperancia de la justicia colombiana. 

Por último, una pregunta ¿quiénes se beneficiaron directa o indirectamente con la muerte de estos dirigentes políticos? Es la respuesta que debemos buscar todos los colombianos para entender lo que ha sido la historia de la clase política dirigente en Colombia.