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El Tiempo, Domingo 8 de abril de 2001
MEDIO SIGLO DESPUÉS, DATOS REVELADORES DE LA HIJA DE GAITÁN
"Así viví el 9 de abril"
[FOTO] Jorge Eliécer Gaitán con su hija Gloria.
Mientras en la calle la muchedumbre se tomaba la ciudad, en su casa, Gloria Gaitán miraba por la ventana imaginando que el rojo de los incendios eran las banderas de los ángeles recibiendo a su papá.
FRANCISCO CELIS ALBÁN
Editor de Domingo
Cuando jugaba en el jardín de la casa de la avenida Caracas con calle 45, a donde fueron a vivir con su madre después del asesinato de su papá, los gaitanistas le ponían velas y se le arrodillaban para que les echara la bendición y ella, de 10 años, mirándolos con sus grandes ojos melancólicos, los bendecía, sin que aquel ritual le pareciera raro. Tampoco se le hacía inusual el gesto del jardinero del colegio Helvetia, donde estudiaba, que había escrito su nombre 'Gloria Gaitán', con macetas de flores para que lo viera la gente que subía por la 85, arriba de la carrera séptima.
Qué le iba a extrañar, si acompañando a su padre desde pequeña se había habituado a aclamaciones y honores. Cuando entraban al circo de toros, el público de sol se paraba (los de sombra ni se inmutaban) y le batía pañuelos. La banda interrumpía lo que estuviera tocando y comenzaba a interpretar el porro A la carga (la versión musical de su frase de combate) y el Himno Nacional. Luego el torero le ofrecía el toro a su papá, luego las orejas y el rabo. Y, al terminar la corrida, sacaban a su padre y al torero en hombros. Entonces su papá se la encomendaba a un policía, que la llevaba hasta su casa de Teusaquillo.
Si era a un restaurante que llegaban, los presentes se levantaban a aplaudirlo. Si iban a tomar onces al hotel Granada (donde queda hoy el Banco de la República), la orquesta también comenzaba a tocar A la carga. En la calle, la gente se detenía a verlo. Una vez entraron al teatro Colombia, hoy Jorge Eliécer Gaitán, para asistir a un cine infantil, y niños y grandes se pusieron de pie para ovacionarlo. Una prima suya le cuenta que esa vez entró ella muy tongoneada y muy vanidosa y su papá la reconvino Sencillez, que esto no es con usted.
Se ve a sí misma entre las decenas de muñecas que le llevaban quienes querían halagar a su padre, con las que se sentaba en las escaleras a escuchar la oratoria incandescente de Gaitán por la radio. Y trae a cuento un gesto increíble Gaitán echándoles discursos a las muñecas a pedido suyo.
Se acuerda del hombre jovial, simpático, al que le encantaban los chistes y decía que no los repetía porque los echaba a perder. El papá amoroso que la sacaba al parque, al colegio, al circo. Lo ve carcajeándose cuando la llevaba los domingos a comer un helado gigante en la pastelería Belalcázar, atrás de la plaza de las Nieves. Pero, a la vez, conserva de él una faceta inédita, como una persona muy cruel . Ella misma advierte sobre esta apreciación Aunque la gente que vivió esa época dice que conmigo se derretía y era muy condescendiente . Esta anécdota se la contó su prima En una oportunidad fuimos a una finca y salimos a caminar, y a mí me comenzaron a sangrar los pies. Mi papá comentó 'Dijimos que íbamos hasta esa punta de esa montaña y hasta allá vamos'. Y seguimos hasta la punta de la montaña . Ella tenía alrededor de siete años. Podrían entenderse como muestras del espíritu educativo de entonces caminar más allá de la resistencia personal, no doblegarse, superar obstáculos, tener carácter, fortaleza, solidaridad, no mentir. Todo un legado ético.
El viernes que lo mataron
La Navidad anterior al 9 de abril de 1948, ella y su madre pasaron vacaciones en Puerto Colombia, y Gloria le escribía cartas rogándole que fuera. Él le respondía que no podía por su trabajo. Yo viví grandes soledades en mi niñez. Mi papá nunca estaba ahí . Pero cuando permanecía en Bogotá, era él quien la bañaba, la vestía, la peinaba, e incluso le mandaba hacer la ropa. La 'niñera' en su casa no era su mamá, Amparo Jaramillo, sino su padre, Jorge Eliécer Gaitán.
A ella, una paisa rebelde de abuelos latifundistas (ya sin la fortuna de sus antepasados), la conoció en un agasajo que le ofrecieron sus seguidores durante una visita a Medellín, en 1933. Gaitán pidió que se la presentaran. Pues yo a usted, doctor Gaitán, ya lo conocía y mejor de lo que se imagina , le dijo ella, y lo invitó a tomar el algo en su casa, donde le enseñó la colección de recortes sobre la actividad política de Gaitán. Se volvió a Bogotá inquieto, con un intenso recuerdo , como le dijo en un marconi, pero pasaron tres años antes de que, por injerencia de la madre de Gaitán, se juraran fidelidad hasta la muerte.
La noche del 8 de abril de 1948 Amparo había soñado que asesinaban a su marido. Hacía poco, una compañera del colegio Santa Clara le había gritado a Gloria ¡Ojalá maten a su papá!
Gaitán la cambió de colegio. Allá estaba ella, ese viernes, cuando mataron a su papá. Sacaron a todas las niñas al patio y a ella la llevaron a un salón para que pusiera al día los cuadernos. Intempestivamente, una tía vino y le dijo que su papá había tenido un accidente de automóvil y se la llevó a casa. Cuando subí al segundo piso, una señora me dijo Reza para que tu papá entre al cielo. Y pensé "tan imbécil esta señora". Yo sí tenía como conciencia de que mi papá se había muerto. Pero pensé "si mi papá se murió, Dios debe sentirse muy honrado de recibirlo. Ese día el cielo estaba rojo por los incendios y yo decía estas deben ser las banderas de los ángeles haciéndole una manifestación a mi papá.
Su mamá no estaba. Tan pronto había sabido la noticia del atentado, ella había ido hasta la Clínica Central a implorar que lo salvaran, como negándose a reconocer que estaba muerto. Esa tarde, Gloria la pasó parada mirando por una ventana todo el tiempo, oyendo la sirena de Bavaria y el tren que también aullaba. Era muy impresionante el sonido.
Entre tanto, Amparo, -de 34 años- fue hasta la oficina de Gaitán para salvar unos documentos sobre el papel del presidente Mariano Ospina Pérez y la Shell en la explotación del petróleo, que utilizaría en un debate. Habían saqueado todo. Luego fue a la embajada de Venezuela a pedirle al presidente Rómulo Gallegos, que se encontraba en Bogotá, que le ayudara a importar armas para reforzar la sublevación. Él le dijo Yo también tengo una hija, váyase para su casa.
En una zorra
Regresó a la Clínica y esperó, con Pedro Eliseo Cruz, gaitanista y médico del líder, hasta las 3 de la mañana, cuando todos los presentes se fueron. Envolvieron el cadáver en sábanas ensangrentadas y periódicos viejos y lo sacaron por el depósito de la basura, para evadir a los soldados que tenían la orden de no dejarlo mover. Dice Gloria que en una zorra, cuyo zorrero había muerto, subieron el cuerpo baleado de su papá, tapado con trapos sucios, y atravesaron la ciudad arrasada hasta las cercanías del barrio Teusaquillo, donde algún conocido que circulaba en una camioneta los vio y los llevó hasta la casa. A la mañana siguiente, Amparo se encerró con Gloria en un baño Me dijo que mi papá había subido al cielo y que estaba con mi abuela. Yo no había llorado hasta ese momento, porque antes no creía que fuera verdad . Después, su mamá le dijo a la prensa que no dejaría sacar a Gaitán de su casa hasta que cayera Ospina Pérez. Darío Echandía -asegura Gloria- le sugirió al presidente Si la viuda de Gaitán no quiere sacar a su marido, pues que no lo saque. Declare monumento nacional la casa y que lo entierren en la sala .
Ospina nunca cayó. La velación de Gaitán, embalsamado, duró hasta el 20 de abril, cuando se hizo un multitudinario homenaje en el Parque Nacional, en el que una corona representaba al cadáver. Había gente hasta trepada en los árboles. La viuda y su hija asistieron. No me acuerdo de nada. Veo las fotografías y me impactan mucho, porque mi mirada no es una mirada de niña, sino de adulto. Como si dijera esto no se queda así. Pero tampoco es una mirada de venganza ni una mirada de odio, es de tristeza. Una mirada muy rara.
Gloria recuerda que cuando volvieron a casa, al entrar oyó el ruido de un ladrillo que era roto con un palustre. Terminaban de sellar la sepultura. Un grupo de obreros había enterrado a Gaitán, en perfecta soledad , en la sala.
Después del 9 de abril, Amparo estuvo un mes acostada, con una hemorragia imparable. No recibía a nadie. Y llegó un campesino que venía caminando desde los Llanos diciendo que quería hablar con ella, y ella que no atendía ni al arzobispo ni al Presidente ni a nadie, lo recibió "Doña Amparo, yo vengo a que usted me autorice a matar a Ospina Pérez". Mi mamá le dijo 'Mire, si eso resucitara a Jorge, no sería usted quien lo mataría, sino yo. No vale la pena.
Con su hija, tiempo después de la muerte de Gaitán, ejercitaba así el sarcasmo político ¿A quiénes colgarías tú en la Plaza de Bolívar? Gloria le respondió A Berta de Ospina. La mamá le dijo No, que viva, para que sufra . Recuerda Gloria que dos años después de la muerte de Gaitán, el arzobispo de Bogotá se apareció en su casa y le dijo a su mamá Doña Amparo, he venido aquí para darle apoyo espiritual porque en la calle dicen que usted está embarazada, y yo veo que no. Y sería bueno que saliera a la calle para que viera la gente que está mintiendo . Y ella le contestó ¿Y a usted cómo le consta que no estoy embarazada? Un día, así como los niños dicen 'cuando sea grande voy a ser bombero' , Gloria dijo Cuando sea grande voy a matar a Álvaro Gómez . Eran los tiempos crudos de la violencia, de los cortes de corbata, degüellos, contra los liberales. Su mamá le advirtió Lo peor que le puede pasar a un ser humano es tener odio. Usted se va de este país ya . La mandaron para Boston y luego ambas se fueron a Suiza, donde vivió su adolescencia muy al margen de colombianos y de conversaciones sobre la violencia. Estudió en colegios aristocráticos, se llenó de lenguas, de modales y, paradójicamente, de sensibilidad social. Cuando vino a conocer el ideario de su padre era una casi una veinteañera, marxista y europeizada, que contribuía con las luchas de liberación de Argelia y Cuba.
Cargando su muerto
Volvió a Colombia y desde entonces todo el que encuentra le habla de su papá. Ha dedicado su vida a tratar de mantener el ideario de su padre porque está convencida de que todos somos Gaitán , de que el 9 de abril y en muchas otras fechas murieron muchos otros héroes cuya lucha hay que reanimar. Gaitán no fue un superman. Lo que hizo fue interpretar lo que había en el subfondo del alma colectiva .
La semana pasada, en un seminario que dicta en Colparticipar, el complejo cultural que espera algún día acabar de construir, en homenaje al gaitanismo, relató El día de la Marcha de las Antorchas venía un hombre en silla de ruedas, con unas muletas. Llevaba, con mucho trabajo, una antorcha. Yo lo vi que dejó la silla de ruedas, cogió las muletas y con una dificultad inmensa comenzó a marchar con las muletas y su antorcha y, al llegar al balcón donde estaba mi papá, botó la... -se queda muda, atragantada. Vuelve a hablar y está llorando- ...botó las muletas y comenzó a andar. Eso fue lo que hizo mi papá con el pueblo. Y eso es lo que quiero... (No les dije que no me gustaba contar esa anécdota porque siempre lloro).
Le han dicho loca. Replica diciendo que es signo de que va por buen rumbo. Muchos, incluso, la ven como Juana la Loca -una mujer en la que Gloria reconoce haber pensado mucho-, cargando su muerto por España. Juana la Loca no podía resucitar a Felipe el Hermoso. En cambio en el gaitanismo hay una ideología y un pueblo suficientes herramientas para seguir adelante.
Se puede, a capricho, admitir o no la cordura de Gloria Gaitán, pero es muy difícil dudar de la legitimidad de su desvelo. ¿No ha sentido el 'campanazo' de la obsesión en la tarea que se ha propuesto? Ella matiza Sí, estoy empeñada. Si a una vocación la llaman obsesión, bueno. Necesito psicológicamente que el sacrificio del pueblo colombiano no sea inútil. Es una cosa de temperamento, no algo que uno racionalmente diga 'hay que hacer tal cosa', sino que nace visceralmente.